º~¤Aprendizaje (Diálogo de una Bipolar)¤~º
- ¿Qué diré de mí? ¿Es necesario que lo haga?
- Claro, estamos escribiendo sobre nosotras, ¿o es que hay que explicártelo con manzanitas?
- No. Estúpida. No me trates de estúpida.
- Yo no te trato de estúpida. TÚ te tratas de estúpida.
- ¡No es cierto!
- Sabes que es así. Tu baja autoestima se hizo presente de nuevo.
- Snif!
- ¿Ya vas a llorar otra vez? A todo el mundo lo tienes chato con tu hipersensibilidad.
- ¿Por qué me atacas?
- Ah. Pobrecita. ¿No entiendes? Tú eres Yo.
- Entonces
- Cualquier insulto y/o descalificativo es tu propia responsabilidad.
- Yo quiero quererme.
- Pero no puedes. Ya lo sé. Todos lo saben. Tu actitud te delata.
- ¿Qué actitud?
- Esa actitud, ese mirar apagado y triste. Con esos ojitos lindos y tristes. Siempre tristes.
- Yo sufro, ¿ok?
- Mentira. Tú no sufres. Tú anhelas sufrir.
- ¿Y si fuera así? Es mi problema.
- No es tu problema. En realidad. Siempre es tu problema. Nunca te atreves a culpar al resto.
- Pero es que no tienen la culpa
- ¡Claro que la tienen! No te sientes aceptada. Ajena al mundo. ¿Es normal que te hagan sentir así? ¿Es justo?
- No, no lo es. Pero no puedo hacer nada por arreglarlo.
- Ah. Y por eso siempre te quejas. Claro, es lo más cómodo.
- ¿Y si fuera así?
- Floja y apática. No tienes personalidad.
- ¿Desde cuándo usas las palabras de mi madre?
- Desde que las internalizaste. Desde que crees en lo que ella te dice sólo por lastimarte.
- ¡No quiero que me insultes! ¡Para de insultarme!
- Lo siento. No puedo dejar de hacerlo. Incluso, es hasta divertido verte en el espejo. Una mitad sonriendo con sarcasmo y la otra con los ojos llenos de lágrimas.
- Cruel. Eso es lo que eres.
- Tú también lo eres ¿o quieres que diga las veces en las que disfrutaste con el sufrimiento ajeno?
- Ésa eras tú. Yo me preocupo por los demás y por lo que les pasa.
- Mentira, no puedes separarte de mí.
- Pero
- ¿Y qué hay de la Rosada? ¿Ese ente feliz con el cual engañas a los demás, mostrando que tu vida es una bella burbuja?
- Pero si soy Rosada. Yo soy Feliz.
- Te contradices. Dices que sufres, pero eres feliz. ¿Quién te entiende?
- ¿Es que acaso no puedo sufrir y ser feliz?
- Masoquista. Eso es lo que eres.
- ¡Qué asco!
- ¿Y por qué te sonrojas?
- No me he sonrojado.
- Tonta. Todavía no lo comprendes. Tú y Yo somos Isabel.
- Dime Isa o Lita. No Isabel.
- ¿Eres supersticiosa, ah?
- ¿Para qué mentirte? Es cierto. Temo cargar con la memoria y el pasado de una muerta. Mi nombre me une a una muerta que falleció sin amor.
- ¡Qué poetico !
- Córtala con el sarcasmo. Es lo que siento.
- Eres una frase cliché con piernas.
- Somos. ¿O no? ¡Y para de repetir frases hirientes!
- Claro que lo somos. De hecho, hasta esto es cliché. Pero me divierte. Y me encanta repetir lo feo que han dicho de ti.
- ¿Y lo bello?
- Para eso tenemos a nuestro adorable novio.
- ¿Nuestro? Yo lo amo. (Córtala con la mordacidad)
- Y yo también. (¡Pero si no fue ironía!)
- Yo lo amo más, y es MIO.
- Celosa, jijiji.
- Mucho. Deberías saberlo.
- Claro. Aunque creo que te molestaría saber que hasta en el placer hemos sido dos y no una la que disfruta.
- ¡Qué mierda estás diciendo!
- No soy de fierro, linda. Y tu pololo es muy fogo
- ¡Cállate!
- No puedes evitar que lo piense. Y que lo sienta. Jajajaja.
- ¡Cállate!
- (Jijijiji)
- ¡Cállate!
-
- Claro, estamos escribiendo sobre nosotras, ¿o es que hay que explicártelo con manzanitas?
- No. Estúpida. No me trates de estúpida.
- Yo no te trato de estúpida. TÚ te tratas de estúpida.
- ¡No es cierto!
- Sabes que es así. Tu baja autoestima se hizo presente de nuevo.
- Snif!
- ¿Ya vas a llorar otra vez? A todo el mundo lo tienes chato con tu hipersensibilidad.
- ¿Por qué me atacas?
- Ah. Pobrecita. ¿No entiendes? Tú eres Yo.
- Entonces
- Cualquier insulto y/o descalificativo es tu propia responsabilidad.
- Yo quiero quererme.
- Pero no puedes. Ya lo sé. Todos lo saben. Tu actitud te delata.
- ¿Qué actitud?
- Esa actitud, ese mirar apagado y triste. Con esos ojitos lindos y tristes. Siempre tristes.
- Yo sufro, ¿ok?
- Mentira. Tú no sufres. Tú anhelas sufrir.
- ¿Y si fuera así? Es mi problema.
- No es tu problema. En realidad. Siempre es tu problema. Nunca te atreves a culpar al resto.
- Pero es que no tienen la culpa
- ¡Claro que la tienen! No te sientes aceptada. Ajena al mundo. ¿Es normal que te hagan sentir así? ¿Es justo?
- No, no lo es. Pero no puedo hacer nada por arreglarlo.
- Ah. Y por eso siempre te quejas. Claro, es lo más cómodo.
- ¿Y si fuera así?
- Floja y apática. No tienes personalidad.
- ¿Desde cuándo usas las palabras de mi madre?
- Desde que las internalizaste. Desde que crees en lo que ella te dice sólo por lastimarte.
- ¡No quiero que me insultes! ¡Para de insultarme!
- Lo siento. No puedo dejar de hacerlo. Incluso, es hasta divertido verte en el espejo. Una mitad sonriendo con sarcasmo y la otra con los ojos llenos de lágrimas.
- Cruel. Eso es lo que eres.
- Tú también lo eres ¿o quieres que diga las veces en las que disfrutaste con el sufrimiento ajeno?
- Ésa eras tú. Yo me preocupo por los demás y por lo que les pasa.
- Mentira, no puedes separarte de mí.
- Pero
- ¿Y qué hay de la Rosada? ¿Ese ente feliz con el cual engañas a los demás, mostrando que tu vida es una bella burbuja?
- Pero si soy Rosada. Yo soy Feliz.
- Te contradices. Dices que sufres, pero eres feliz. ¿Quién te entiende?
- ¿Es que acaso no puedo sufrir y ser feliz?
- Masoquista. Eso es lo que eres.
- ¡Qué asco!
- ¿Y por qué te sonrojas?
- No me he sonrojado.
- Tonta. Todavía no lo comprendes. Tú y Yo somos Isabel.
- Dime Isa o Lita. No Isabel.
- ¿Eres supersticiosa, ah?
- ¿Para qué mentirte? Es cierto. Temo cargar con la memoria y el pasado de una muerta. Mi nombre me une a una muerta que falleció sin amor.
- ¡Qué poetico !
- Córtala con el sarcasmo. Es lo que siento.
- Eres una frase cliché con piernas.
- Somos. ¿O no? ¡Y para de repetir frases hirientes!
- Claro que lo somos. De hecho, hasta esto es cliché. Pero me divierte. Y me encanta repetir lo feo que han dicho de ti.
- ¿Y lo bello?
- Para eso tenemos a nuestro adorable novio.
- ¿Nuestro? Yo lo amo. (Córtala con la mordacidad)
- Y yo también. (¡Pero si no fue ironía!)
- Yo lo amo más, y es MIO.
- Celosa, jijiji.
- Mucho. Deberías saberlo.
- Claro. Aunque creo que te molestaría saber que hasta en el placer hemos sido dos y no una la que disfruta.
- ¡Qué mierda estás diciendo!
- No soy de fierro, linda. Y tu pololo es muy fogo
- ¡Cállate!
- No puedes evitar que lo piense. Y que lo sienta. Jajajaja.
- ¡Cállate!
- (Jijijiji)
- ¡Cállate!
-
Hoy amanecí mejor. El sol brilla, no hace frío, se siente alegría en el ambiente. Ayer vi a mi amado conejito y su mirada bastó para reparar cada trozo de alma que se fue filtrando por cada una de mis lágrimas.